Anti-Refugiados

Unas 5.000 personas se manifestaron anoche en Erfurt contra la política de asilo del Gobierno Merkel y contra la acogida masiva de refugiados en Alemania. Convocaba la manifestación, por segunda semana consecutiva, el partido anti euro Alternative für Deutschland (AfD), que ha llegado a obtener un 10% en intención de voto a escala federal y al que actualmente las encuestas otorgan algo más del 5% necesario para obtener presencia parlamentaria en el Bundestag. Con banderas de Alemania y carteles "Ami go home", las filas del partido político aparecían engrosadas conconocidos grupos neonazis de Turingia. "La tolerancia y el respeto terminan allí donde se acosa y se vilipendia", decían las pancartas.

El hacinamiento, los problemas lingüísticos y el miedo a no obtener el derecho de asilo están agudizando las tensiones entre desplazados en los centros de acogida y dando lugar a situaciones que sirven como excusa para ese tipo de afirmaciones. El miércoles por la noche en un albergue de Hamburgo se produjo una pelea entre 200 refugiados sirios y afganos que terminó con docenas de heridos y que obligó a desplazar a 50 agentes de policía para poner orden. El incidente se suma al del pasado fin de semana en Kassel entre 70 paquistaníes y 300 albaneses que hacían cola para comer y que dejó 14 heridos. 

Tan solo en setiembre, Alemania ha recibido 280.000 inmigrantes, más que en todo 2014, y a pesar del enorme esfuerzo organizativo y logístico se producen situaciones aisladas de descontrol. En el barrio de Wilmersdorf de Berlín, donde 850 personas viven en el edificio del antiguo Ayuntamiento, los propios refugiados reconocen que hay tensiones, provocadas por el hecho de que se tratan primero las demandas de asilo de los sirios que huyen de la guerra y los demás se sienten discriminados.

"Los árabes, los sirios, en una semana o dos ya tienen sus papeles. Los africanos no. ¿Porqué? No hay papeles, no hay trabajo, nada, sólo comer, dormir y esperar, estrés cada día", lamenta Bamba Jaiteh, un joven de 19 años de Guinea Bissau. Mohammed Uzer, un adolescente de 15 años que huyó de Pakistán después de que los talibanes asesinaran a su padre, se queja del hacinamiento. "Hay demasiada gente, la comida no es buena y hay robos", explica.